Miembros de iglesia en Escocia sirven a personas desplazadas por la crisis de refugiados

Glasgow, Escocia

La mayoría de los periódicos incluyen historias de la destrucción causada por guerra en el Medio Oriente y de las millones de personas desplazadas por la violencia. Los lectores también encontrarán artículos acerca de campamentos de refugiados, cierre de fronteras y líderes mundiales negociando la cantidad de refugiados que pueden recibir su naciones. Estos asuntos han llegado a la conciencia colectiva del mundo y las historias de refugiados han creado un gran peso en los corazones de personas que ven la situación desde lejos. Pero para muchos en la Región Eurasia, la crisis de refugiados no es una tristeza distante, es una realidad presente, una parte creciente de la vida diaria en sus pueblos y aldeas.

Dave White vive en el Este de Glasgow, Escocia y ayuda a liderar los esfuerzos de la Iglesia del Nazareno Parkhead de ministrarle a las personas internacionalmente desplazadas en su comunidad.

“Las personas del Este de la ciudad tendían a ser blancos de clase trabajadora, pero durante los últimos años hemos visto un aumento en la cantidad de personas que se nos están uniendo provenientes de otros países,” dijo White.

Esta experiencia que él describe es bastante común para muchos, especialmente alrededor de Europa.

“Hubo un momento en que Glasgow era la única ciudad en Escocia que aceptaba refugiados; ellos eran una porción creciente de la población y era fácil ver que habían necesidades crecientes,” dijo White. “Entonces, hace como dos años, las diferentes piezas se unieron para crear la oportunidad colaborar con proyectos existentes. Un médico local se comunicó con nosotros para explicarnos que existía la necesidad de aprendizaje de inglés para adultos. Otro grupo fue equipado para ofrecer capacitación y un espacio muy necesario, y la Iglesia Parkhead tenía un espacio para ofrecer.”

Clases del idioma inglés comenzaron y el edificio de la iglesia respondió a una verdadera necesidad. Pero cuando las personas de la iglesia se encontraron cara a cara con las personas de la “crisis europea de refugiados”, ellos cambiaron de ser una noticia a seres humanos.

 “Lo clasificaríamos como rehumanización,” dijo White, describiendo la gama de necesidades a las cuales la iglesia y sus colaboradoras comenzaron a responder.

Algunos necesitaban zapatos o ropa para calentarse. Otros necesitaban ayuda coordinando una cita médica. Pero las necesidades van más allá de las que son aparentes o prácticas en lo inmediato.

“La necesidad era aprender inglés, pero muchas de estas personas vienen de otras culturas donde la hospitalidad es suprema,” dijo White. “Nos volvimos más conscientes de la necesidad que tenían de hospitalidad.”

El proceso de rehumanización va más allá de vestimenta básica y enseñanza lingüística; también había una necesidad por comunidad. En el verano, cuando muchos programas toman un receso y las personas salen de vacaciones, la Iglesia Parkhead decidió comenzar a servir almuerzo en adición a las clases de inglés. Entonces comenzaron a tener un partido de fútbol, deporte que White considera un idioma universal. Los voluntarios comenzaron a abogar por aquellos en el proceso de buscar asilo. Los miembros de la clase comenzaron a ser voluntarios, cocinando para el resto del grupo. 

Un tema común que crece en la labor de la Iglesia de Parkhead con personas desplazadas es que compartir no es tarea de un solo lado. Ellos han entendido que participar como voluntarios es una de las formas en que algunas personas pueden encontrar un nuevo propósito y autoconfianza mientras esperan por asilo en una nueva tierra. Cuando llegó la Noche Burns (una celebración cultural escocesa en honor al poeta Robert Burns), la iglesia organizó una celebración como de costumbre, pero ellos resistieron la tentación de hacerlo solo para ellos. Invitaron a todos a traer comida de sus tierras natales. Juntos comieron y bailaron en celebración de algo mucho más auténtico que la textura actual de Escocia.

La comunidad que ellos han creado está marcando la diferencia e impactando de manera duradera.

“Aunque ellos se hayan mudado a otra parte de la ciudad, habiendo obtenido su permiso de asilo, un pequeño grupo de ellos continúa regresando aunque esto implique un viaje de 40 minutos en autobús ya que tuvieron una conexión aquí,” dijo White.

La labor de darle la bienvenida a los extranjeros no ha venido sin sus retos, incluyendo instancias de xenofobia cultural. Y más allá de los simples prejuicios, existe una compleja tensión entre religiones. Muchas de las personas desplazadas traen con ellos sus propias prácticas religiosas, pero no siempre encuentran facilidades adecuadas. A la misma vez, los cristianos que están trabajando fielmente para darle la bienvenida a aquellos en necesidad se encuentran luchando con encontrar maneras apropiadas de compartir su fe. Pero por ahora, todos han podido compartir de la mesa, al igual que del estadio de fútbol, y eso es algo.

“Si observas a Jesús en los Evangelios, Él está constantemente ayudando a las personas a pararse sobre sus propios dos pies y dándole la dignidad que se merecen, y eso es transformador,” dijo White. 

--Church of the Nazarene Eurasia

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