Equipo de misiones de Bangladesh ofrece esperanza y alivio a refugiados rohingya

Cox’s Bazar, Bangladesh

En Cox's Bazar, Bangladesh, cientos de miles de refugiados rohingya desplazados se encuentran en un campo de refugiados semipermanente en lo que solían ser playas turísticas y tierras recreativas.

Los rohingya vivían principalmente en Myanmar hasta agosto de 2017 cuando las tensiones entre los rohingya y el gobierno central alcanzaron su punto máximo. La violencia extrema de los militares de Myanmar provocó un éxodo masivo de Rohingya.

La mayoría buscó refugio en las cercanías de Bangladesh, en donde los recursos son limitados pero había tierras para albergarlos. Según el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, cerca de 1 millón de personas ahora son refugiados en el país. Con tantas personas en busca de seguridad, estos campamentos están experimentando una sobrepoblación, son propensos a la propagación de enfermedades, carecen de agua pura y viviendas, y están llenos de personas traumatizadas.

El año pasado, la Misiones Nazarenas de Bangladesh (MNB) decidió crear un centro en el campamento Cox's Bazar que ofrece servicios para niños, jóvenes y adultos que han experimentado traumas por su condición ofreciéndoles clases escolares, asesoramiento y apoyo comunitario.

Monir* es uno de los niños que huyeron a Bangladesh con su familia. La familia estaba tan desesperada por conseguir comida durante ese tiempo que se vieron en la necesidad de consumir hojas y beber agua de los ríos, poniéndose en riesgo de contraer una enfermedad. Para ese momento, Monir ya había experimentado un trauma extremo, entre los cuales se encontraba la muerte de su abuelo y el incendio de su hogar.

Muchos niños refugiados pueden perder meses y años de escuela. Por fortuna, Monir fue una excepción. Gracias al centro MNB, él puede asistir a clases y recibir asesoramiento para ayudarlo a procesar su duelo y pérdida.

Cada día de la semana, el centro atiende a casi 100 niños como Monir que han sido expulsados por la fuerza de sus hogares. Estos son niños que han visto cómo los miembros de su familia fueron brutalmente asesinados y que no tienen idea de cuándo encontrarán la seguridad y un hogar permanente nuevamente. 

Los niños reciben tutoría sobre diversas materias escolares, así como lecciones sobre salud e higiene. Disfrutan de momentos de recreación, aprenden lecciones de moral y reciben apoyo nutricional. Los miembros del personal que trabajan con los niños en el centro tienen la capacitación para tratar con personas que sufren trauma y pueden ayudarlos a procesar sus historias y antecedentes trágicos.

Para las adolescentes y mujeres adultas en particular, hay clases adicionales de salud e higiene, así como también asesoramiento especializado en el centro. Muchas de estas niñas y mujeres han experimentado una violencia sexual horrible. El equipo de MNB han acompañado a aquellos que visitan el centro y busca activamente ayudar a otras mujeres y niñas en el campamento de refugiados que están luchando contra el trauma de la violencia y el desplazamiento.

Anwara* huyó de Myanmar con sus padres y seis hermanos, dejando atrás toda su vida. Antes de irse, alguien incendió la casa de la familia mientras dormían, un acto violento que se ha vuelto común durante el conflicto. Mientras que los padres y los niños lograron escapar, las llamas cobraron la vida de los abuelos de Anwara.

Finalmente, la familia pudo reunirse con los miles que se encontraban en Cox's Bazar, pero Anwara luchó profusamente con la pérdida y el trauma que había sufrido.

"Estaba mentalmente muy angustiada y molesta porque perdí la oportunidad de recibir educación, mis sueños y mis esperanzas para el futuro", dijo Anwara.

Sin embargo, Anwara descubrió lo que es vivir en comunidad cuando la invitaron al centro establecido por MNB. Allí, conoció a otros adolescentes con historias similares. Ahora, ella contaba con la oportunidad de asistir a discusiones en grupo y sesiones de asesoramiento individual para comenzar a procesar su dolor y recibir la educación que tanto ansiaba. 

"Comencé a soñar nuevamente ", dice Anwara.

--Republicado con permiso de NCM Magazine  2019

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